La guía completa
Por qué convertir unidades sigue dando problemas
Cualquiera diría que a estas alturas el mundo se habría puesto de acuerdo en cómo medir las
cosas. No ha pasado. Compras una televisión y te la venden en pulgadas, aunque midas el mueble en
centímetros. Sigues una receta americana y te pide una taza de harina, que no es una taza de las
tuyas. Miras el consumo de un coche en una web británica y el número parece buenísimo hasta que
descubres que su galón es más grande. Compras un disco duro de un terabyte y el ordenador te
enseña 931 gigabytes.
Ninguno de esos casos es un error de nadie: son sistemas de medida distintos conviviendo en el
mismo sitio. El problema aparece cuando hay que pasar de uno a otro deprisa y sin
equivocarse, y ahí es donde una herramienta bien hecha ahorra tiempo y disgustos. La de
esta página cubre dieciséis categorías y más de ciento cincuenta unidades, hace las cuentas
dentro de tu navegador y te enseña el resultado en todas las unidades a la vez, no solo en la
que has pedido.
Los dos sistemas que se reparten el mundo
El Sistema Internacional, heredero del sistema métrico decimal nacido en la
Francia revolucionaria, lo usan prácticamente todos los países del planeta. Su gran virtud es
que todo se mueve en potencias de diez: mil metros son un kilómetro, mil gramos un kilogramo,
mil mililitros un litro. Convertir dentro del sistema métrico es correr la coma de sitio, y por
eso casi nadie necesita ayuda para eso.
El sistema anglosajón que sobrevive en Estados Unidos, y en parte en el Reino
Unido, es otra cosa. Doce pulgadas hacen un pie, tres pies una yarda, 1.760 yardas una milla.
Dieciséis onzas hacen una libra y catorce libras un stone. Los números no salen de ninguna
lógica decimal: salen de siglos de uso, de medidas del cuerpo humano y de acuerdos comerciales
antiguos. No es peor ni mejor, pero exige tablas.
Lo interesante es que desde 1959 las unidades anglosajonas están definidas a partir de
las métricas, no al revés. Por acuerdo internacional, la yarda son 0,9144 metros
exactos y la libra son 0,45359237 kilogramos exactos. De ahí salen todas las demás: la pulgada
son 25,4 milímetros porque son un treinta y seisavo de yarda, y la milla son 1.609,344 metros
porque son 1.760 yardas. Esos valores no son aproximaciones: son definiciones, y por eso esta
herramienta los usa con todos sus decimales.
Longitud: kilómetros, millas, pies y pulgadas
Es la categoría más buscada con diferencia, y casi siempre por el mismo motivo: entender una
cifra de una web extranjera o hacerse una idea de una distancia. La regla mental que mejor
funciona es que una milla son algo más de kilómetro y medio, así que
multiplicar por 1,6 al pasar de millas a kilómetros deja un error de metro y medio por
kilómetro, despreciable para orientarse.
Las equivalencias de longitud que más se consultan.
| Unidad | En sistema métrico | Dónde te la encuentras |
| 1 pulgada | 2,54 cm exactos | Pantallas, tornillería, ruedas de bici |
| 1 pie | 30,48 cm exactos | Altitud en aviación, estaturas, obra en EE. UU. |
| 1 yarda | 91,44 cm exactos | Fútbol americano, telas, jardinería |
| 1 milla terrestre | 1,609344 km exactos | Carreteras y carreras populares |
| 1 milla náutica | 1,852 km exactos | Navegación marítima y aérea |
| 1 año luz | 9,46 billones de km | Distancias entre estrellas |
Conviene no confundir la milla terrestre con la milla náutica, que es un
quince por ciento más larga y tiene un origen mucho más elegante: equivale a un minuto de arco
sobre un meridiano terrestre. De ahí viene el nudo, que no es más que una milla náutica por
hora, y por eso los barcos y los aviones siguen midiendo así.
Peso: gramos, libras, onzas y la trampa del oro
En masa la conversión de cabeza es fácil: una libra son casi medio kilo (454
gramos) y una onza son unos 28 gramos. Con eso se sale del paso en el
noventa por ciento de los casos, desde una receta hasta el peso de una maleta.
La trampa está en la onza troy, la que se usa para el oro, la plata y el
platino. No es la onza normal: pesa 31,1 gramos, casi un diez por ciento más. Quien compara el
precio de una onza de oro con el de una onza corriente está comparando dos cosas distintas, y
en una operación de cierto tamaño la diferencia es dinero de verdad. Lo mismo ocurre con la
tonelada: la métrica son mil kilos, pero la tonelada corta americana se queda
en 907 y la tonelada larga británica sube a 1.016.
Volumen: el galón que no es un galón
Aquí está uno de los errores más repetidos de internet. El galón estadounidense y el
galón imperial británico no son la misma medida: el americano son 3,785 litros y el
británico 4,546, un veinte por ciento más grande. La confusión viene de que los dos se llaman
igual y de que ninguna web extranjera suele aclarar cuál usa.
La misma división afecta a la pinta y a la onza líquida, y tiene consecuencias prácticas
divertidas: una pinta de cerveza en un pub británico trae 568 mililitros, mientras que en
Estados Unidos se queda en 473. Casi cien mililitros de diferencia por vaso.
En repostería el problema es otro. La taza de las recetas americanas está
estandarizada en 240 mililitros como medida legal, aunque la taza tradicional de repostería se
queda en 236,6; la diferencia es tan pequeña que no cambia el resultado de ningún plato. La
cucharada son 15 mililitros y la cucharadita, 5. Y cuando una receta española habla de «un vaso
de agua» sin más, se refiere a unos 200 mililitros.
Temperatura: la única categoría que no se multiplica
Todas las conversiones de esta página son multiplicaciones salvo dos, y la temperatura es una
de ellas. El motivo es que las escalas no comparten el cero: el cero Celsius
está en el punto de congelación del agua y el cero Fahrenheit, unos treinta y dos grados más
abajo. Así que además de escalar hay que desplazar.
La fórmula es sencilla: multiplicar por 1,8 y sumar 32 para ir de Celsius a Fahrenheit, restar
32 y dividir entre 1,8 para volver. El atajo mental que mejor funciona es
duplicar y sumar 30: da unos grados de más, pero te sitúa al instante. Y hay
un punto que conviene recordar porque sirve para comprobar cualquier conversión de un vistazo:
menos cuarenta grados vale igual en las dos escalas.
El kelvin es otra historia. No lleva el símbolo de grado porque no es una escala relativa sino
absoluta: su cero es el cero de verdad, la temperatura más baja posible. Como su tamaño de
grado coincide con el Celsius, pasar de uno a otro es sumar o restar 273,15.
Datos digitales: por qué tu disco duro parece que encoge
Compras un disco de un terabyte, lo enchufas y el sistema te dice que tiene 931 gigabytes.
No falta nada y nadie te ha engañado: el fabricante y el sistema operativo cuentan con
varas distintas. El fabricante usa el terabyte decimal, que es un billón de bytes
justos, porque en el resto de la ciencia el prefijo «tera» significa exactamente eso. El sistema
operativo agrupa de mil veinticuatro en mil veinticuatro, que es lo natural en binario, y sigue
llamando gigabyte a lo que técnicamente es un gibibyte.
Las dos escalas de datos, comparadas.
| Escala decimal | Bytes | Escala binaria | Bytes |
| 1 kB | 1.000 | 1 KiB | 1.024 |
| 1 MB | 1.000.000 | 1 MiB | 1.048.576 |
| 1 GB | 1.000 millones | 1 GiB | 1.073.741.824 |
| 1 TB | 1 billón | 1 TiB | 1,0995 billones |
La diferencia crece con el tamaño: en kilobytes es del 2,4 %, en gigabytes del 7,4 % y en
terabytes ya del 10 %. Por eso un disco de un terabyte enseña 931 gibibytes y uno de dos
terabytes, 1.862. Hay otra confusión emparentada que cuesta dinero cada mes: la
velocidad de internet se mide en megabits y los archivos en megabytes, y un byte son
ocho bits. Una conexión de 600 megabits por segundo descarga, como mucho, 75 megabytes por
segundo. Si quieres comprobar la tuya, tienes el
test de velocidad con las dos unidades a la
vez.
Cocina: por qué una taza no dice nada del peso
Esta es la categoría donde más gente se equivoca sin enterarse. Una taza es una medida de
volumen: dice cuánto sitio ocupa algo, no cuánto pesa. Y una taza de harina y una taza
de miel pesan cosas muy distintas, porque la miel es casi tres veces más densa. Por eso
cualquier conversor que te ofrezca pasar tazas a gramos sin preguntarte qué hay dentro se lo está
inventando.
Lo que pesa una taza de 240 ml según el ingrediente.
| Ingrediente | Densidad aprox. | Una taza | Una cucharada |
| Agua | 1,00 g/ml | 240 g | 15 g |
| Harina de trigo | 0,53 g/ml | 127 g | 8 g |
| Azúcar blanco | 0,85 g/ml | 204 g | 13 g |
| Azúcar moreno | 0,93 g/ml | 223 g | 14 g |
| Aceite de oliva | 0,92 g/ml | 221 g | 14 g |
| Miel | 1,42 g/ml | 341 g | 21 g |
| Copos de avena | 0,36 g/ml | 86 g | 5 g |
Las densidades de la tabla son las de uso habitual en repostería, con la harina sin compactar y
el azúcar moreno apretado, que es como lo dan por supuesto las recetas. Aun así, si horneas en
serio, el consejo de cualquier pastelero es el mismo: usa una báscula. Una taza
de harina puede variar un veinte por ciento según cómo la llenes, y en un bizcocho eso se nota.
Las tazas se inventaron cuando las básculas de cocina eran caras, no porque midan mejor.
Consumo de combustible: la magnitud que va al revés
La otra categoría que no se convierte multiplicando. En Europa medimos el consumo en
litros a los cien kilómetros: cuanto más alto, peor coche. En Estados Unidos y
el Reino Unido lo miden en millas por galón: cuanto más alto, mejor coche. Son
magnitudes inversas, así que la conversión es una división y no una multiplicación, y ese es el
motivo de que tantas calculadoras caseras den resultados absurdos.
Encima está el problema del galón. Un coche que hace 40 millas por galón americano gasta
5,88 litros a los cien; el mismo número referido al galón imperial son 7,06 litros a los cien.
Es una diferencia del veinte por ciento entre dos cifras que se escriben exactamente igual, y
explica por qué los coches «parecen» más eficientes en las revistas británicas.
Tallas: por qué una 42 no siempre es una 42
Las tallas no se calculan, se corresponden. No hay una fórmula que convierta una talla española
en una británica: hay tablas de equivalencia construidas por costumbre, y cada marca corta su
horma y sus patrones como le parece. Por eso cualquier conversor de tallas, incluido este, da un
punto de partida y no una medida.
En calzado sí hay algo parecido a una lógica. La talla europea viene del punto de
París, una unidad antigua que vale dos tercios de centímetro, y se cuenta sobre la
longitud del pie más centímetro y medio de holgura. De ahí sale que cada talla europea sean unos
siete milímetros de pie y que el dato verdaderamente fiable, el único que puedes medir tú en
casa con una regla, sea la longitud del pie en centímetros.
Equivalencias de calzado más consultadas.
| España / Europa | Reino Unido | EE. UU. hombre | EE. UU. mujer | Pie |
| 38 | 5 | — | 7,5 | 23,8 cm |
| 40 | 6,5 | 7 | 9 | 25,2 cm |
| 42 | 8 | 8,5 | 10,5 | 26,5 cm |
| 44 | 9 | 9,5 | — | 27,8 cm |
| 46 | 11 | 11,5 | — | 29,2 cm |
En ropa la equivalencia es todavía más blanda, porque interviene el famoso «vanity sizing»: la
costumbre de algunas marcas de poner una talla más pequeña de la que corresponde para halagar al
comprador. La regla que sigue funcionando en Europa es que la talla italiana va cuatro
números por encima de la española y la francesa, dos: una 38 española es una 42
italiana y una 40 francesa. Aun así, conviene mirar siempre la tabla de la marca antes de
pedir.
Convertir de cabeza sin equivocarse
Hay un puñado de atajos que aguantan bien y que sirven para detectar cuándo un resultado no
puede ser. No sustituyen a la herramienta, pero evitan meter la pata delante de un cliente o en
una compra:
Kilómetros a millas: multiplica por seis y quita el último dígito. 80 km × 6 =
480, quitas el cero y salen 48 millas; el valor real es 49,7. Centímetros a pulgadas:
divide entre 2,5 y súmale un pelín. Kilos a libras: duplica y suma un diez por
ciento; 70 kg → 140 + 14 = 154 libras, y el valor real es 154,3. Celsius a
Fahrenheit: duplica y suma 30. Megabits a megabytes: divide entre
ocho.
El truco general, y el más útil de todos, es comprobar el orden de magnitud antes que
el decimal. Si conviertes una distancia de coche y te sale un número con seis cifras,
te has equivocado de unidad, no de decimal. La tabla de esta página, que enseña la cantidad en
todas las unidades de golpe, sirve exactamente para eso: ver de un vistazo si el resultado tiene
sentido.
Cuando una conversión mal hecha cuesta dinero
Conviene no tomarse esto como un detalle menor. En 1999 la NASA perdió la sonda Mars Climate
Orbiter porque un equipo trabajó en unidades anglosajonas y otro dio por supuesto que los datos
venían en unidades métricas; la nave entró en la atmósfera de Marte a una altura equivocada y se
destruyó. En 1983, un Boeing 767 de Air Canada se quedó sin combustible en pleno vuelo porque
el repostaje se calculó en libras cuando el avión medía en kilogramos: aterrizó planeando en una
pista abandonada y no hubo víctimas, pero el episodio pasó a los manuales de aviación.
Fuera de los casos célebres, el mismo tipo de error aparece a diario en trabajos normales: un
presupuesto de obra con medidas mezcladas, un pedido de material en las unidades del proveedor
equivocado, una ficha de producto con el peso mal puesto que dispara el coste de envío. Todos se
evitan igual: escribiendo la unidad al lado del número, siempre. Un número sin
unidad no significa nada, y esa costumbre sencilla ha salvado más proyectos que cualquier
calculadora.
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