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Contador de palabras y caracteres

Cuenta palabras, caracteres, frases y párrafos mientras escribes, y además te dice si cabe en X o en un SMS, cómo de fácil se lee, qué palabras estás repitiendo y qué faltas tiene. Escrito para el castellano: la ortografía, las fórmulas de legibilidad y hasta el cálculo de los SMS están hechos para nuestro idioma, no traducidos del inglés. Todo pasa dentro de tu navegador: el texto no se envía a ningún servidor.

Recuento en vivo Corrector de castellano Límites de 23 campos Tu texto no sale de aquí
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sin objetivo

      Cómo se vería en Google

      Así se ve el título de tu página en el buscador

      letaca.com › ejemplo

      Y así la descripción. Escribe arriba tu título y tu descripción separados por un salto de línea para medirlos.

      Pulsa «Revisar el texto» para buscar faltas de ortografía, errores de gramática y problemas de tipografía. La primera vez se descarga el diccionario español (unos 250 kB); a partir de ahí es instantáneo y funciona sin conexión.

      Cambiar el texto

      Limpiar

      Ordenar líneas

      Llevarte el análisis

      Cada cambio se aplica sobre el texto que tienes escrito. Si te equivocas, deshaz con Ctrl+Z dentro del recuadro.

      Hecho para el castellano, no traducido

      El tuit no se mide en letras

      X no cuenta caracteres: cuenta peso. Las tildes, la eñe y los signos de apertura pesan uno, así que un tuit en castellano tiene los 280 enteros; en cambio cada emoji pesa dos y cualquier enlace, por corto que sea, ocupa veintitrés fijos. Un contador que reste letras a secas te engaña en los dos sentidos.

      El SMS que se dobla por una tilde

      La tabla de caracteres del SMS se diseñó pensando en el francés y el alemán: trae la e con tilde y las vocales con acento grave, pero no la a, la i, la o ni la u con acento agudo. Una sola «í» de «envío» cambia la codificación del mensaje entero y el tope se desploma de 160 caracteres a 70. Aquí se ve antes de enviarlo, con el culpable señalado.

      Legibilidad con la fórmula buena

      El índice de Flesch está calibrado para el inglés, que tiene palabra corta. Aplicado al castellano manda cualquier texto normal al fondo de la escala y no distingue nada. Aquí se usan Flesch-Szigriszt con la escala INFLESZ y Fernández Huerta, que son las fórmulas ajustadas a nuestro idioma, con un silabeador que entiende diptongos, hiatos y la u muda de «guerra».

      Preguntas frecuentes

      ¿Cómo se cuentan exactamente las palabras?
      Una palabra es cada grupo de letras o cifras separado por espacios o signos de puntuación. Las palabras unidas por guion cuentan como una sola, así que «teórico-práctico» suma uno y no dos, igual que hace el recuento de Word y que pide la convención de las fórmulas de legibilidad españolas. Los números cuentan como palabra: «en 2026 hubo 3 casos» son cinco palabras. Y los símbolos que se leen en voz alta, como el porcentaje o el euro, también cuentan como una. Si comparas con otra herramienta y sale una diferencia pequeña, casi siempre es por los guiones o por las cifras.
      ¿Cuánto tarda en leerse mi texto y cuánto dura si lo leo en voz alta?
      Un lector adulto medio en castellano va a unas 200 o 250 palabras por minuto leyendo en silencio, y aquí se calcula con 225. En voz alta se baja mucho: un locutor cómodo ronda las 140 palabras por minuto, y ese es el dato que necesitas si estás escribiendo un guion de vídeo, un pódcast o una intervención con tiempo tasado. La regla rápida para vídeo es que un minuto de locución son unas 140 palabras, así que un guion de mil palabras dura poco más de siete minutos. Las dos velocidades se pueden cambiar en el resumen para ajustarlas a tu ritmo real.
      ¿Cuántos caracteres caben en un tuit?
      El límite de una cuenta gratuita son 280, pero no de caracteres sino de peso ponderado. Todo lo que está por debajo del punto de código 4352 pesa uno, y ahí entra el alfabeto latino completo: las tildes, la eñe, la ce cedilla y los signos de apertura de interrogación y exclamación. Es decir, un texto en castellano aprovecha los 280 enteros. Lo que pesa dos es cada emoji, cada carácter chino, japonés o coreano y los símbolos raros. Y hay una regla que sorprende a mucha gente: cualquier enlace cuenta 23 caracteres fijos, da igual que sea de diez letras o de doscientas, porque X lo reescribe con su acortador. Con X Premium el límite sube a 25.000, aunque en la cronología se siga viendo el corte a 280 con un «mostrar más».
      ¿Por qué me cobran dos SMS por un mensaje corto?
      Porque lleva algún carácter que no está en la tabla del SMS y eso obliga a codificar el mensaje entero de otra forma. La tabla del SMS es de los años noventa y se hizo pensando en el francés, el alemán y el italiano: incluye la e con tilde y las vocales con acento grave, pero no incluye la a, la i, la o ni la u con acento agudo. Traducido: «mañana», «pingüino», «¿vienes?» y «café» viajan sin problema, pero «envío», «está», «camión» o «común» tumban el mensaje a la codificación larga y el tope pasa de 160 caracteres a 70. Lo mismo hacen la raya, los puntos suspensivos de un solo carácter, las comillas curvas, el símbolo de ordinal y cualquier emoji. Esta herramienta te dice en qué codificación va tu mensaje, cuántos trozos costará y qué caracteres concretos tienen la culpa.
      ¿Qué puntuación de legibilidad debo buscar?
      Con la escala INFLESZ, que es la referencia en castellano, el número que importa es 55: por debajo de ahí un texto deja de ser accesible para el lector medio. La escala tiene cinco tramos: hasta 40 es muy difícil, nivel universitario o científico; de 40 a 55 algo difícil, nivel de bachillerato y prensa especializada; de 55 a 65 normal, que es donde están la prensa general y un buen texto divulgativo; de 65 a 80 bastante fácil; y por encima de 80 muy fácil, nivel de cuento. Como referencia medida sobre publicaciones reales españolas: las revistas científicas se quedan en 38, la prensa nacional en 57, los libros escolares en 67 y los cómics en 85. Para una web comercial, apunta entre 55 y 70. Y si quieres subir la nota, lo que más pesa es acortar las frases: es el término de la fórmula que más rinde por esfuerzo.
      ¿Cuántas palabras tiene que tener un artículo para posicionar?
      No hay un número mágico y Google ha dicho muchas veces que la extensión no es un factor de posicionamiento por sí misma. Lo que sí ocurre es que responder bien a una búsqueda compleja suele llevar espacio, y por eso los artículos que rinden en consultas informativas suelen moverse entre 1.200 y 2.500 palabras. La forma sensata de decidirlo es mirar qué hay ya posicionado para tu búsqueda y cubrir lo mismo mejor, no escribir de más para llegar a una cifra. Para una ficha de producto, entre 300 y 600 suele bastar; para una página de servicio, entre 600 y 1.200. Rellenar para engordar el recuento es contraproducente: baja la legibilidad y aburre al lector, que es a quien hay que convencer.
      ¿Se guarda o se envía a algún sitio el texto que escribo?
      No. Todo el análisis ocurre dentro de tu navegador con JavaScript: no hay ninguna petición que lleve tu texto a letaca.com ni a terceros, y eso incluye el corrector ortográfico y la lectura de archivos. Cuando pulsas «revisar», lo que viaja es el diccionario español hacia tu equipo, no tu texto hacia el nuestro. Lo mismo con los PDF: se abren y se leen en tu propio navegador. Puedes comprobarlo tú mismo abriendo la pestaña de red de las herramientas de desarrollo mientras escribes. Como consecuencia práctica, el recuento y el análisis siguen funcionando aunque te quedes sin conexión, y puedes usarla con documentos confidenciales sin pensártelo. El corrector y el lector de PDF sí necesitan una primera descarga: si los has usado antes en ese navegador, suelen quedar en la caché.
      ¿Qué faltas detecta el corrector y cuáles no?
      Trabaja en dos capas. La primera es un diccionario español de más de medio millón de formas, construido a partir del diccionario libre de RLA-ES, el mismo que usan LibreOffice y Firefox: caza las palabras que no existen, las tildes que faltan y las erratas de tecleo, y propone la corrección. La segunda capa son reglas escritas para el castellano, que cazan lo que un diccionario no puede ver porque las palabras existen: «va a ver» por «va a haber», «he echo» por «he hecho», el dequeísmo de «pienso de que», los adverbios con posesivo tipo «delante mío» y los cierres de interrogación a los que les falta la apertura. Lo que no hace es entender el significado: no detecta concordancias complejas, no sabe si querías decir «vaya» o «valla» cuando las dos encajan, y con nombres propios y vocabulario muy técnico marcará cosas que están bien. Úsalo como una segunda lectura, no como un juez.
      ¿Puedo contar las palabras de un PDF o de un Word?
      Sí. Puedes soltar encima del recuadro un .txt, un .md, un .docx o un .pdf y se extrae el texto en tu propio navegador. En el caso del Word se lee el documento por dentro respetando los párrafos; no se cuentan encabezados, pies ni notas al pie, igual que hace el contador principal del propio Word. En el caso del PDF se lee su capa de texto. Hay un caso en el que no se puede hacer nada: si el PDF es un escaneo, es decir, una foto de un papel, no contiene texto sino imágenes, y entonces la herramienta te lo dice en vez de darte cero palabras sin explicación. Para eso haría falta un reconocimiento óptico de caracteres, que es otra cosa.

      ¿Lo quieres funcionando en tu web?

      Te lo damos como plugin de WordPress y como archivo HTML suelto, con el corrector, el análisis de legibilidad y los colores adaptables a tu marca. Sin servidor, sin claves y sin depender de nosotros.

      La guía completa

      Contar palabras parece trivial hasta que dos herramientas te dan números distintos

      Escribes un texto, lo pegas en dos contadores y salen cifras diferentes. No es que uno esté roto: es que no se han puesto de acuerdo en qué es una palabra. Unos parten solo por los espacios y cuentan «teórico-práctico» como una palabra; otros parten también por el guion y cuentan dos. Otros descartan los números, así que «en 2026 hubo 3 casos» les da tres palabras en vez de cinco. Otros cuentan los signos de puntuación sueltos. Y casi todos, si están traducidos del inglés, tratan el castellano como si fuera inglés con acentos.

      Esta herramienta toma las decisiones que toma el recuento de Word y que piden las convenciones de las fórmulas de legibilidad españolas: las palabras unidas por guion cuentan como una, los números cuentan como palabra y los símbolos que se leen en voz alta, como el porcentaje o el euro, también. Si comparas con otra herramienta y hay una diferencia pequeña, casi siempre viene de ahí.

      Lo interesante no es el número, de todas formas. Es lo que puedes hacer con él: saber si el texto cabe donde lo vas a publicar, cuánto dura si lo lees en voz alta, si se entiende a la primera y si tiene faltas. Eso es lo que cubre esta página.

      Cuántas palabras necesita cada cosa que escribes

      No hay reglas sagradas, pero sí hay rangos que funcionan porque responden a cómo se consume cada formato. Un correo comercial largo no se lee; un artículo corto no responde a una búsqueda compleja. Estas son las horquillas con las que se trabaja en una agencia:

      Extensiones habituales por tipo de texto
      FormatoPalabrasPor qué
      Publicación en X25 a 45Los 280 de peso dan para poco más, y un tuit corto se lee entero
      Asunto de correo6 a 9Unos 60 caracteres; en el móvil se ven bastantes menos
      Correo comercial120 a 200Pasado ese punto el correo se hojea en vez de leerse
      Ficha de producto300 a 600Suficiente para cubrir dudas sin cansar
      Página de servicio600 a 1.200Tiene que explicar, tranquilizar y vender
      Artículo de blog1.200 a 2.500Lo que suele hacer falta para responder mejor que quien ya está arriba
      Guía o artículo pilar2.500 a 5.000Cubre un tema entero y sirve de eje al resto
      Nota de prensa400 a 600Un folio: lo que un periodista lee de una sentada
      Guion de vídeo de 10 minutos1.300 a 1.500A ritmo de locución cómoda
      Trabajo de fin de grado10.000 a 15.000Depende de la universidad: manda siempre su normativa
      Novela70.000 a 110.000Por debajo de 50.000 empieza a considerarse novela corta

      Una advertencia sobre el artículo de blog, porque es donde más se peca: la extensión no es un factor de posicionamiento. Google lo ha dicho muchas veces y se comprueba fácilmente viendo resultados cortos en primera posición. Lo que ocurre es que responder bien a una búsqueda compleja suele ocupar espacio. Escribir de más para llegar a una cifra es contraproducente: baja la legibilidad, diluye la respuesta y aburre a quien tenía que convencerse.

      Palabras o caracteres: cuál miras según dónde publiques

      Las palabras sirven para medir el esfuerzo de escribir y de leer. Los caracteres sirven para saber si algo cabe. Todo lo que tiene un límite duro se mide en caracteres: un tuit, un anuncio de Google, un asunto, una biografía, un SMS. Y ahí empiezan los matices, porque ni siquiera «carácter» significa lo mismo en todas partes.

      Un emoji puede contar como uno, como dos o como cuatro según quién cuente. La razón es técnica: en la memoria del ordenador un emoji ocupa dos unidades, en bytes puede ocupar cuatro, y para una persona es un solo símbolo. Cada plataforma eligió una de esas tres formas de contar. Por eso esta herramienta no da un único número de caracteres, sino el que corresponde a cada sitio. Es el mismo tipo de lío que con las unidades de medida, donde un disco de un terabyte enseña 931 gigabytes sin que falte ni un byte: son dos formas legítimas de contar lo mismo.

      El caso más llamativo es X. Su límite de 280 no es de caracteres sino de peso: todo el alfabeto latino, con tildes, eñes y signos de apertura incluidos, pesa uno; los emojis y los caracteres chinos, japoneses o coreanos pesan dos. Un texto en castellano aprovecha los 280 enteros, que es una buena noticia que casi nadie conoce. Y hay una regla que pilla a todo el mundo: cualquier enlace cuenta 23 caracteres fijos, mida lo que mida, porque X lo reescribe con su propio acortador. Poner un enlace de diez letras no te ahorra nada.

      Eso tiene una consecuencia práctica: si acortas tus enlaces no es para ganar caracteres, es para que se lean bien y para poder medir los clics. Para eso tenemos un acortador de enlaces con QR que te deja el enlace corto en un dominio propio.

      El SMS que se dobla de precio por una tilde

      Este merece su propio apartado porque cuesta dinero de verdad y prácticamente ningún contador avisa de ello. Los SMS se codifican con una tabla de caracteres definida en los años noventa, pensada para el francés, el alemán y el italiano. Esa tabla incluye la eñe, la e con tilde, la diéresis y los signos de apertura de interrogación y exclamación. Lo que no incluye son la a, la i, la o y la u con acento agudo.

      La consecuencia es que «mañana», «pingüino», «¿vienes?» y «café» viajan sin problema en un mensaje normal de 160 caracteres, pero basta una «í» de «envío» para que el mensaje entero cambie de codificación y el tope se desplome a 70 caracteres. Un mensaje de 100 caracteres que habría ido en un solo SMS pasa a costar dos. Multiplícalo por una campaña de diez mil envíos.

      Lo mismo hacen la raya de los incisos, los puntos suspensivos escritos como un solo carácter, las comillas curvas que Word pone automáticamente, el símbolo de ordinal de «1º» y cualquier emoji. Escribir «Tu pedido ya esta en camino» en vez de «está» no es una falta que puedas permitirte en una web, pero en un SMS masivo es una decisión de costes que conviene tomar a conciencia. La herramienta te dice en qué codificación va tu mensaje, en cuántos trozos se partirá y qué caracteres concretos tienen la culpa, para que decidas.

      Un detalle más para quien monte envíos: el cálculo de trozos no es dividir entre 153 y redondear hacia arriba. El estándar prohíbe partir por la mitad ciertos caracteres, así que un mensaje puede necesitar un trozo más de lo que sale de las cuentas. Aquí se calcula llenando trozo a trozo, como hace la operadora.

      Si el mensaje es para un cliente concreto y no para una campaña masiva, casi siempre sale mejor un enlace de WhatsApp con el mensaje ya escrito o uno de Telegram: el límite es tan alto que no lo vas a rozar, no cuesta dinero por trozo y las tildes no dan ningún problema.

      Los límites reales de cada plataforma

      Estos son los principales de los veintitrés que comprueba la herramienta. Casi todos están tomados de la documentación oficial de cada plataforma; los tres que ninguna empresa publica y solo se conocen por medición van avisados en la columna de matices, y dentro de la herramienta salen marcados como «medido»:

      Límites verificados en agosto de 2026
      DóndeCampoLímiteMatiz
      XPublicación280De peso, no de letras. Con Premium, 25.000
      InstagramPie de foto2.200Además, 30 hashtags y 20 menciones
      InstagramBiografía150Es el escaparate: cada palabra cuenta
      LinkedInPublicación3.000Se corta a las 3 líneas con «ver más»
      LinkedInInvitación200200 en la cuenta gratuita y 300 con Premium (medido)
      TikTokDescripción2.200Es lo único oficial; en la app se manejan 4.000
      YouTubeTítulo100En el móvil se ven unos 40
      YouTubeDescripción5.000Por la API son bytes: en castellano llega antes
      PinterestDescripción800No los 500 que repite medio internet
      ThreadsPublicación500Con adjunto de texto largo de hasta 10.000
      BlueskyPublicación300Cuenta grafemas, y también topa a 3.000 bytes
      MastodonPublicación500Cada servidor puede cambiarlo
      Google AdsTítulo30Entre 3 y 15 títulos por anuncio
      Google AdsDescripción90Entre 2 y 4 por anuncio

      Cuánto tarda en leerse y cuánto dura en voz alta

      Son dos velocidades muy distintas y confundirlas arruina un guion. Un adulto lee en silencio entre 200 y 250 palabras por minuto. Leyendo en voz alta a ritmo cómodo, sin atropellarse, se baja a unas 140. Un locutor profesional puede subir a 160 sin sonar acelerado; una presentación con pausas para respirar y mirar al público se queda en 120.

      Duración aproximada de un texto leído en voz alta a 140 palabras por minuto
      PalabrasDuraciónFormato típico
      7530 segundosCuña de radio o anuncio corto
      1401 minutoUn vídeo vertical de los largos
      4203 minutosVídeo corto de YouTube
      7005 minutosPresentación breve
      1.40010 minutosVídeo de formato medio
      2.50018 minutosCharla tipo conferencia
      4.20030 minutosEpisodio corto de pódcast

      La regla rápida que conviene memorizar si escribes para vídeo: un minuto son unas 140 palabras. Si te encargan un vídeo de tres minutos, el guion son 420 palabras y no 800. Escribir de más y luego recortar en montaje se paga con un vídeo acelerado o con cortes que se notan.

      Legibilidad: por qué la fórmula que usa casi todo el mundo no vale en castellano

      El índice de legibilidad más citado del mundo es el Flesch Reading Ease, publicado en 1948. Funciona con dos variables: cuántas sílabas tienen tus palabras y cuántas palabras tienen tus frases. El problema es que sus coeficientes se calcularon con textos en inglés, un idioma cuyas palabras rondan las 1,4 sílabas de media. En castellano andamos por 2,1.

      Aplicar la fórmula inglesa a un texto español no lo hace un poco más severo: lo manda al fondo de la escala. En un estudio sobre informes médicos reales, el Flesch original clasificó el cien por cien de los textos como «muy difícil», con todos los resultados apelotonados entre 0 y 29. Una escala que da el mismo veredicto a todo no mide nada.

      Por eso en castellano se usan otras dos, que son las que calcula esta herramienta. La de Fernández Huerta, de 1959, fue la primera adaptación. Y la de Szigriszt-Pazos, de 1993, se interpreta con la escala INFLESZ, validada en 2008 sobre seiscientos treinta fragmentos de publicaciones españolas reales. Esa última es la referencia en el ámbito sanitario español y la que da el veredicto principal aquí.

      Escala INFLESZ, con valores medidos sobre publicaciones españolas reales
      PuntuaciónGradoA qué se parece
      Hasta 40Muy difícilRevista científica: 37,9 de media
      40 a 55Algo difícilBachillerato y prensa especializada
      55 a 65NormalPrensa regional 55,9 y nacional 56,6
      65 a 80Bastante fácilLibros escolares: 67,4
      Más de 80Muy fácilCómics: 84,6

      El número que hay que recordar es 55: es la conclusión del estudio que validó la escala, y por debajo de ahí un texto deja de ser accesible para el ciudadano medio. Para una web comercial conviene moverse entre 55 y 70. Y si quieres subir la nota, lo que más pesa con diferencia es acortar las frases, porque el otro término de la fórmula, la longitud de las palabras, depende del vocabulario del tema y se cambia mucho peor.

      Cuatro cosas que suben la puntuación sin empobrecer el texto: partir en dos toda frase que pase de treinta palabras, quitar los incisos entre comas que no aportan, sustituir «realizar» y «llevar a cabo» por el verbo concreto que corresponda, y eliminar los adverbios en -mente que no cambian el significado. Las frases largas y los adverbios los señala la propia herramienta en la pestaña de legibilidad, y los verbos comodín salen en el corrector si activas la categoría «Estilo», que viene apagada por no dar la lata.

      Densidad de palabras clave: el porcentaje que ya no existe

      Durante años circuló la idea de que había que repetir la palabra clave entre un 1 % y un 3 % del texto. Nunca fue una regla de Google y hoy es directamente mala consejera: los sistemas de búsqueda entienden sinónimos, variantes y contexto, y detectan la repetición forzada como lo que es. Un texto que repite «zapatillas de running baratas» catorce veces no posiciona mejor: se lee peor y transmite desconfianza.

      Lo que sí sigue siendo útil es mirar la lista de tus palabras más repetidas, que es lo que hace el análisis de esta página. No para llegar a un porcentaje, sino para detectar dos cosas. La primera, si estás repitiendo sin darte cuenta una muletilla que empobrece el texto. La segunda, si la palabra que define tu página aparece de forma natural o no aparece en absoluto, que pasa más de lo que parece: páginas de servicio enteras que nunca llegan a nombrar el servicio.

      La comprobación práctica: mira los grupos de dos y tres palabras, no solo las sueltas. Ahí es donde se ve de qué habla de verdad un texto. Si tu página de fotografía de bodas tiene como grupos más repetidos «buena calidad» y «trabajo profesional», el problema no es la densidad: es que no estás hablando de bodas.

      El título y la descripción de Google se miden en píxeles, no en caracteres

      Aquí hay un malentendido muy extendido. Google no publica ningún límite de caracteres para el título ni para la meta descripción; de la descripción lo dice explícitamente en su documentación, y del título se limita a decir que se recorta para que quepa. Lo que hace es cortar por ancho disponible. Y un título de sesenta caracteres llenos de emes ocupa mucho más que uno de sesenta caracteres llenos de íes.

      Por eso las herramientas serias miden píxeles. Las cifras que maneja el sector están entre 550 y 600 píxeles para el título y entre 680 y 990 para la descripción, medidas con la tipografía Arial, el título a veinte píxeles de cuerpo y la descripción a catorce, que es como lo hacen las herramientas del sector. Ninguna de esas cifras es un dato oficial de Google: son convenciones del sector medidas por terceros, y por eso no coinciden entre sí. Traducido a letras, el título suele estar bien entre 50 y 60 caracteres y la descripción entre 140 y 155.

      Dos consejos que valen más que la medida exacta. Pon lo importante al principio, porque si te cortan quieres que sobreviva lo que convence. Y no escribas para llenar: una descripción de 120 caracteres que da una razón concreta para entrar funciona mejor que una de 155 rellena de adjetivos.

      Las faltas que un corrector automático sí puede cazar en castellano

      Un corrector ortográfico normal compara cada palabra con un diccionario y avisa de las que no existen. Eso cubre las erratas de tecleo y las tildes que faltan, que son muchas, pero deja fuera la otra mitad de los errores del castellano: los que se cometen con palabras que existen y están perfectamente escritas, solo que no son la que tocaba.

      Los clásicos, que esta herramienta detecta con reglas escritas para el idioma:

      Haber y a ver. «Va a haber problemas» lleva el verbo haber; «a ver si vienes» es otra cosa. La confusión es de las más frecuentes en textos profesionales.

      Echo y hecho. Del verbo hacer siempre con hache: «he hecho». Del verbo echar, sin ella: «echo de menos», «echar a perder».

      El dequeísmo. «Pienso de que», «creo de que», «me dijo de que». La prueba rápida es preguntar: se dice «¿qué pienso?», no «¿de qué pienso?», así que el «de» sobra. Y al revés, el queísmo: «me di cuenta que» sí necesita el «de».

      Los adverbios con posesivo. «Delante mío», «detrás tuyo», «encima suyo». Muy extendidos en el habla y considerados incorrectos: son «delante de mí», «detrás de ti».

      Los signos de apertura. Escribir «vienes hoy?» sin la apertura es probablemente el error tipográfico más común del castellano escrito en internet, heredado de los teclados y del inglés. Nuestra interrogación y nuestra exclamación abren y cierran.

      Y las tildes que ya no se ponen y mucha gente sigue poniendo por costumbre: los demostrativos («éste», «ésa») perdieron la tilde, «solo» ya no la lleva salvo ambigüedad real, «guion» es monosílabo y va sin tilde, y «ti» nunca la ha llevado.

      Lo que ningún corrector automático puede hacer es entender lo que quieres decir. Si escribes «vaya» donde tocaba «valla», las dos palabras existen y las dos encajan gramaticalmente. Úsalo como una segunda lectura atenta, no como un juez.

      Contar palabras en Word, en Google Docs y en el móvil

      Si prefieres no salir de tu editor: en Word el recuento está en la barra de abajo a la izquierda, y pulsando ahí se abre el detalle con caracteres y párrafos. Si seleccionas un fragmento, cuenta solo la selección. El atajo es Ctrl+Mayúsculas+G en Windows. Ojo con un detalle: Word no cuenta por defecto los cuadros de texto, los encabezados ni los pies de página.

      En Google Docs está en Herramientas, Recuento de palabras, con el atajo Ctrl+Mayúsculas+C, y tiene una casilla para dejarlo visible mientras escribes. En LibreOffice aparece también en la barra de estado. En el móvil casi ninguna app de notas trae contador, y ahí es donde una página como esta gana: se abre, se pega y ya está.

      Si el texto está en un PDF o en un Word y no quieres abrir el programa, puedes soltar el archivo directamente sobre el recuadro de arriba. Se lee dentro de tu navegador, sin subirlo a ningún sitio. La única excepción son los PDF escaneados: si el documento es una foto de un papel, no contiene texto que contar y hace falta un reconocimiento óptico de caracteres. Si lo que necesitas es lo contrario, juntar unas imágenes en un PDF, eso lo hace nuestro conversor de imágenes, y también en el navegador.

      Por qué importa que tu texto no salga de tu navegador

      La mayoría de contadores y correctores en línea envían lo que escribes a un servidor para procesarlo. Para un texto cualquiera da igual. Para el borrador de un contrato, un informe médico, una carta de despido o el manuscrito de una novela sin publicar, no da igual en absoluto.

      Esta herramienta hace todo el trabajo en tu equipo: el recuento, el análisis, la legibilidad, la lectura del PDF y también el corrector ortográfico. Cuando pulsas revisar, lo que viaja es el diccionario hacia tu ordenador, no tu texto hacia el nuestro. Puedes comprobarlo abriendo la pestaña de red de las herramientas de desarrollo de tu navegador mientras escribes: no verás ni una petición con tu contenido.

      Tiene dos consecuencias prácticas agradables. Una, que el recuento y el análisis siguen funcionando aunque te quedes sin conexión. Y dos, que puedes usarla con material confidencial sin tener que pensártelo, y por eso la construimos así.

      Esta herramienta, en tu web

      Si tienes una web y quieres ofrecer el contador a tus visitantes, te lo damos empaquetado como plugin de WordPress con su atajo y como archivo HTML suelto, con los colores adaptables a tu marca. Funciona igual: sin servidor, sin claves y sin depender de nosotros. Y si lo que necesitas es que alguien escriba, revise o reescriba tus textos, eso también lo hacemos.