La guía completa
Contar palabras parece trivial hasta que dos herramientas te dan números distintos
Escribes un texto, lo pegas en dos contadores y salen cifras diferentes. No es que uno esté
roto: es que no se han puesto de acuerdo en qué es una palabra. Unos parten solo por los espacios y cuentan «teórico-práctico» como una palabra; otros parten también por el guion y cuentan dos. Otros descartan los números, así que «en 2026 hubo 3
casos» les da tres palabras en vez de cinco. Otros cuentan los signos de puntuación sueltos.
Y casi todos, si están traducidos del inglés, tratan el castellano como si fuera inglés con
acentos.
Esta herramienta toma las decisiones que toma el recuento de Word y que piden las
convenciones de las fórmulas de legibilidad españolas: las palabras unidas por guion
cuentan como una, los números cuentan como palabra y los símbolos que se leen en voz
alta, como el porcentaje o el euro, también. Si comparas con otra herramienta y hay una
diferencia pequeña, casi siempre viene de ahí.
Lo interesante no es el número, de todas formas. Es lo que puedes hacer con él: saber si el
texto cabe donde lo vas a publicar, cuánto dura si lo lees en voz alta, si se entiende a la
primera y si tiene faltas. Eso es lo que cubre esta página.
Cuántas palabras necesita cada cosa que escribes
No hay reglas sagradas, pero sí hay rangos que funcionan porque responden a cómo se consume
cada formato. Un correo comercial largo no se lee; un artículo corto no responde a una
búsqueda compleja. Estas son las horquillas con las que se trabaja en una agencia:
Extensiones habituales por tipo de texto
| Formato | Palabras | Por qué |
| Publicación en X | 25 a 45 | Los 280 de peso dan para poco más, y un tuit corto se lee entero |
| Asunto de correo | 6 a 9 | Unos 60 caracteres; en el móvil se ven bastantes menos |
| Correo comercial | 120 a 200 | Pasado ese punto el correo se hojea en vez de leerse |
| Ficha de producto | 300 a 600 | Suficiente para cubrir dudas sin cansar |
| Página de servicio | 600 a 1.200 | Tiene que explicar, tranquilizar y vender |
| Artículo de blog | 1.200 a 2.500 | Lo que suele hacer falta para responder mejor que quien ya está arriba |
| Guía o artículo pilar | 2.500 a 5.000 | Cubre un tema entero y sirve de eje al resto |
| Nota de prensa | 400 a 600 | Un folio: lo que un periodista lee de una sentada |
| Guion de vídeo de 10 minutos | 1.300 a 1.500 | A ritmo de locución cómoda |
| Trabajo de fin de grado | 10.000 a 15.000 | Depende de la universidad: manda siempre su normativa |
| Novela | 70.000 a 110.000 | Por debajo de 50.000 empieza a considerarse novela corta |
Una advertencia sobre el artículo de blog, porque es donde más se peca: la extensión no es un
factor de posicionamiento. Google lo ha dicho muchas veces y se comprueba fácilmente viendo resultados cortos en primera posición. Lo que ocurre es que responder bien a una búsqueda
compleja suele ocupar espacio. Escribir de más para llegar a una cifra es
contraproducente: baja la legibilidad, diluye la respuesta y aburre a quien tenía que
convencerse.
Palabras o caracteres: cuál miras según dónde publiques
Las palabras sirven para medir el esfuerzo de escribir y de leer. Los caracteres sirven para
saber si algo cabe. Todo lo que tiene un límite duro se mide en caracteres: un tuit, un
anuncio de Google, un asunto, una biografía, un SMS. Y ahí empiezan los matices, porque
ni siquiera «carácter» significa lo mismo en todas partes.
Un emoji puede contar como uno, como dos o como cuatro según quién cuente. La razón es
técnica: en la memoria del ordenador un emoji ocupa dos unidades, en bytes puede ocupar
cuatro, y para una persona es un solo símbolo. Cada plataforma eligió una de esas tres formas
de contar. Por eso esta herramienta no da un único número de caracteres, sino el que
corresponde a cada sitio. Es el mismo tipo de lío que con
las unidades de medida, donde un disco
de un terabyte enseña 931 gigabytes sin que falte ni un byte: son dos formas legítimas de
contar lo mismo.
El caso más llamativo es X. Su límite de 280 no es de caracteres sino de peso: todo el
alfabeto latino, con tildes, eñes y signos de apertura incluidos, pesa uno; los emojis y los
caracteres chinos, japoneses o coreanos pesan dos. Un texto en castellano aprovecha
los 280 enteros, que es una buena noticia que casi nadie conoce. Y hay una regla que
pilla a todo el mundo: cualquier enlace cuenta 23 caracteres fijos, mida lo que mida, porque
X lo reescribe con su propio acortador. Poner un enlace de diez letras no te ahorra nada.
Eso tiene una consecuencia práctica: si acortas tus enlaces no es para ganar caracteres, es
para que se lean bien y para poder medir los clics. Para eso tenemos un
acortador de enlaces con QR que te deja
el enlace corto en un dominio propio.
El SMS que se dobla de precio por una tilde
Este merece su propio apartado porque cuesta dinero de verdad y prácticamente ningún contador avisa de ello. Los SMS se codifican con una tabla de caracteres definida en los años noventa,
pensada para el francés, el alemán y el italiano. Esa tabla incluye la eñe, la e con tilde,
la diéresis y los signos de apertura de interrogación y exclamación. Lo que no
incluye son la a, la i, la o y la u con acento agudo.
La consecuencia es que «mañana», «pingüino», «¿vienes?» y «café» viajan sin problema en un
mensaje normal de 160 caracteres, pero basta una «í» de «envío» para que el mensaje entero
cambie de codificación y el tope se desplome a 70 caracteres. Un mensaje de 100 caracteres que
habría ido en un solo SMS pasa a costar dos. Multiplícalo por una campaña de diez mil envíos.
Lo mismo hacen la raya de los incisos, los puntos suspensivos escritos como un solo carácter,
las comillas curvas que Word pone automáticamente, el símbolo de ordinal de «1º» y cualquier
emoji. Escribir «Tu pedido ya esta en camino» en vez de «está» no es una falta que puedas
permitirte en una web, pero en un SMS masivo es una decisión de costes que conviene tomar a
conciencia. La herramienta te dice en qué codificación va tu mensaje, en cuántos trozos se
partirá y qué caracteres concretos tienen la culpa, para que decidas.
Un detalle más para quien monte envíos: el cálculo de trozos no es dividir entre 153 y
redondear hacia arriba. El estándar prohíbe partir por la mitad ciertos caracteres, así que un mensaje puede necesitar un trozo más de lo que sale de las cuentas. Aquí se calcula llenando
trozo a trozo, como hace la operadora.
Si el mensaje es para un cliente concreto y no para una campaña masiva, casi siempre sale mejor
un enlace de WhatsApp con el mensaje ya
escrito o uno de Telegram: el límite es tan alto que no lo vas a rozar, no cuesta dinero por trozo y las tildes no dan ningún problema.
Los límites reales de cada plataforma
Estos son los principales de los veintitrés que comprueba la herramienta. Casi todos están tomados de la documentación oficial de cada plataforma; los tres que ninguna empresa publica y solo se conocen por medición van avisados en la columna de matices, y dentro de la herramienta salen marcados como «medido»:
Límites verificados en agosto de 2026
| Dónde | Campo | Límite | Matiz |
| X | Publicación | 280 | De peso, no de letras. Con Premium, 25.000 |
| Instagram | Pie de foto | 2.200 | Además, 30 hashtags y 20 menciones |
| Instagram | Biografía | 150 | Es el escaparate: cada palabra cuenta |
| LinkedIn | Publicación | 3.000 | Se corta a las 3 líneas con «ver más» |
| LinkedIn | Invitación | 200 | 200 en la cuenta gratuita y 300 con Premium (medido) |
| TikTok | Descripción | 2.200 | Es lo único oficial; en la app se manejan 4.000 |
| YouTube | Título | 100 | En el móvil se ven unos 40 |
| YouTube | Descripción | 5.000 | Por la API son bytes: en castellano llega antes |
| Pinterest | Descripción | 800 | No los 500 que repite medio internet |
| Threads | Publicación | 500 | Con adjunto de texto largo de hasta 10.000 |
| Bluesky | Publicación | 300 | Cuenta grafemas, y también topa a 3.000 bytes |
| Mastodon | Publicación | 500 | Cada servidor puede cambiarlo |
| Google Ads | Título | 30 | Entre 3 y 15 títulos por anuncio |
| Google Ads | Descripción | 90 | Entre 2 y 4 por anuncio |
Cuánto tarda en leerse y cuánto dura en voz alta
Son dos velocidades muy distintas y confundirlas arruina un guion. Un adulto lee en silencio
entre 200 y 250 palabras por minuto. Leyendo en voz alta a ritmo cómodo, sin atropellarse, se baja a unas 140. Un locutor profesional puede subir a 160 sin sonar acelerado; una
presentación con pausas para respirar y mirar al público se queda en 120.
Duración aproximada de un texto leído en voz alta a 140 palabras por minuto
| Palabras | Duración | Formato típico |
| 75 | 30 segundos | Cuña de radio o anuncio corto |
| 140 | 1 minuto | Un vídeo vertical de los largos |
| 420 | 3 minutos | Vídeo corto de YouTube |
| 700 | 5 minutos | Presentación breve |
| 1.400 | 10 minutos | Vídeo de formato medio |
| 2.500 | 18 minutos | Charla tipo conferencia |
| 4.200 | 30 minutos | Episodio corto de pódcast |
La regla rápida que conviene memorizar si escribes para vídeo: un minuto son unas 140
palabras. Si te encargan un vídeo de tres minutos, el guion son 420 palabras y no
800. Escribir de más y luego recortar en montaje se paga con un vídeo acelerado o con cortes
que se notan.
Legibilidad: por qué la fórmula que usa casi todo el mundo no vale en castellano
El índice de legibilidad más citado del mundo es el Flesch Reading Ease, publicado en 1948.
Funciona con dos variables: cuántas sílabas tienen tus palabras y cuántas palabras tienen tus
frases. El problema es que sus coeficientes se calcularon con textos en inglés, un idioma
cuyas palabras rondan las 1,4 sílabas de media. En castellano andamos por 2,1.
Aplicar la fórmula inglesa a un texto español no lo hace un poco más severo: lo manda al
fondo de la escala. En un estudio sobre informes médicos reales, el Flesch original clasificó
el cien por cien de los textos como «muy difícil», con todos los resultados
apelotonados entre 0 y 29. Una escala que da el mismo veredicto a todo no mide nada.
Por eso en castellano se usan otras dos, que son las que calcula esta herramienta. La de
Fernández Huerta, de 1959, fue la primera adaptación. Y la de
Szigriszt-Pazos, de 1993, se interpreta con la escala INFLESZ,
validada en 2008 sobre seiscientos treinta fragmentos de publicaciones españolas reales. Esa
última es la referencia en el ámbito sanitario español y la que da el veredicto principal
aquí.
Escala INFLESZ, con valores medidos sobre publicaciones españolas reales
| Puntuación | Grado | A qué se parece |
| Hasta 40 | Muy difícil | Revista científica: 37,9 de media |
| 40 a 55 | Algo difícil | Bachillerato y prensa especializada |
| 55 a 65 | Normal | Prensa regional 55,9 y nacional 56,6 |
| 65 a 80 | Bastante fácil | Libros escolares: 67,4 |
| Más de 80 | Muy fácil | Cómics: 84,6 |
El número que hay que recordar es 55: es la conclusión del estudio que validó
la escala, y por debajo de ahí un texto deja de ser accesible para el ciudadano medio. Para una
web comercial conviene moverse entre 55 y 70. Y si quieres subir la nota, lo que más pesa con
diferencia es acortar las frases, porque el otro término de la fórmula, la
longitud de las palabras, depende del vocabulario del tema y se cambia mucho peor.
Cuatro cosas que suben la puntuación sin empobrecer el texto: partir en dos toda frase que
pase de treinta palabras, quitar los incisos entre comas que no aportan, sustituir «realizar»
y «llevar a cabo» por el verbo concreto que corresponda, y eliminar los adverbios en -mente
que no cambian el significado. Las frases largas y los adverbios los señala la propia herramienta en la pestaña de legibilidad, y los verbos comodín salen en el corrector si activas la categoría «Estilo», que viene apagada por no dar la lata.
Densidad de palabras clave: el porcentaje que ya no existe
Durante años circuló la idea de que había que repetir la palabra clave entre un 1 % y un 3 %
del texto. Nunca fue una regla de Google y hoy es directamente mala consejera: los sistemas de
búsqueda entienden sinónimos, variantes y contexto, y detectan la repetición forzada como lo
que es. Un texto que repite «zapatillas de running baratas» catorce veces no posiciona mejor:
se lee peor y transmite desconfianza.
Lo que sí sigue siendo útil es mirar la lista de tus palabras más repetidas,
que es lo que hace el análisis de esta página. No para llegar a un porcentaje, sino para
detectar dos cosas. La primera, si estás repitiendo sin darte cuenta una muletilla que
empobrece el texto. La segunda, si la palabra que define tu página aparece de forma natural o
no aparece en absoluto, que pasa más de lo que parece: páginas de servicio enteras que nunca
llegan a nombrar el servicio.
La comprobación práctica: mira los grupos de dos y tres palabras, no solo las sueltas. Ahí es
donde se ve de qué habla de verdad un texto. Si tu página de fotografía de bodas tiene como grupos más repetidos «buena calidad» y «trabajo profesional», el problema no es la densidad: es que no estás hablando de bodas.
El título y la descripción de Google se miden en píxeles, no en caracteres
Aquí hay un malentendido muy extendido. Google no publica ningún límite de caracteres para el título ni para la meta descripción; de la descripción lo dice explícitamente en su documentación, y del título se limita a decir que se recorta para que quepa. Lo que hace
es cortar por ancho disponible. Y un título de sesenta caracteres llenos de
emes ocupa mucho más que uno de sesenta caracteres llenos de íes.
Por eso las herramientas serias miden píxeles. Las cifras que maneja el sector están entre
550 y 600 píxeles para el título y entre 680 y 990 para la descripción, medidas con la tipografía Arial, el título a veinte píxeles de cuerpo y la descripción a catorce, que es como lo hacen las herramientas del sector. Ninguna de esas cifras es un dato oficial de Google: son
convenciones del sector medidas por terceros, y por eso no coinciden entre sí. Traducido a
letras, el título suele estar bien entre 50 y 60 caracteres y la descripción entre 140 y 155.
Dos consejos que valen más que la medida exacta. Pon lo importante al principio, porque si te
cortan quieres que sobreviva lo que convence. Y no escribas para llenar: una descripción de
120 caracteres que da una razón concreta para entrar funciona mejor que una de 155 rellena de
adjetivos.
Las faltas que un corrector automático sí puede cazar en castellano
Un corrector ortográfico normal compara cada palabra con un diccionario y avisa de las que no
existen. Eso cubre las erratas de tecleo y las tildes que faltan, que son muchas, pero deja
fuera la otra mitad de los errores del castellano: los que se cometen con palabras que
existen y están perfectamente escritas, solo que no son la que tocaba.
Los clásicos, que esta herramienta detecta con reglas escritas para el idioma:
Haber y a ver. «Va a haber problemas» lleva el verbo haber; «a ver si
vienes» es otra cosa. La confusión es de las más frecuentes en textos profesionales.
Echo y hecho. Del verbo hacer siempre con hache: «he hecho». Del verbo
echar, sin ella: «echo de menos», «echar a perder».
El dequeísmo. «Pienso de que», «creo de que», «me dijo de que». La prueba
rápida es preguntar: se dice «¿qué pienso?», no «¿de qué pienso?», así que el «de» sobra. Y al
revés, el queísmo: «me di cuenta que» sí necesita el «de».
Los adverbios con posesivo. «Delante mío», «detrás tuyo», «encima suyo».
Muy extendidos en el habla y considerados incorrectos: son «delante de mí», «detrás de ti».
Los signos de apertura. Escribir «vienes hoy?» sin la apertura es
probablemente el error tipográfico más común del castellano escrito en internet, heredado de
los teclados y del inglés. Nuestra interrogación y nuestra exclamación abren y cierran.
Y las tildes que ya no se ponen y mucha gente sigue poniendo por costumbre: los demostrativos
(«éste», «ésa») perdieron la tilde, «solo» ya no la lleva salvo ambigüedad real, «guion» es
monosílabo y va sin tilde, y «ti» nunca la ha llevado.
Lo que ningún corrector automático puede hacer es entender lo que quieres decir. Si escribes
«vaya» donde tocaba «valla», las dos palabras existen y las dos encajan gramaticalmente.
Úsalo como una segunda lectura atenta, no como un juez.
Contar palabras en Word, en Google Docs y en el móvil
Si prefieres no salir de tu editor: en Word el recuento está en la barra de
abajo a la izquierda, y pulsando ahí se abre el detalle con caracteres y párrafos. Si
seleccionas un fragmento, cuenta solo la selección. El atajo es Ctrl+Mayúsculas+G en Windows.
Ojo con un detalle: Word no cuenta por defecto los cuadros de texto, los encabezados ni los
pies de página.
En Google Docs está en Herramientas, Recuento de palabras, con el atajo
Ctrl+Mayúsculas+C, y tiene una casilla para dejarlo visible mientras escribes. En
LibreOffice aparece también en la barra de estado. En el móvil casi ninguna app de notas trae contador, y ahí es donde una página como esta gana: se abre, se pega
y ya está.
Si el texto está en un PDF o en un Word y no quieres abrir el programa, puedes soltar el
archivo directamente sobre el recuadro de arriba. Se lee dentro de tu navegador, sin subirlo a
ningún sitio. La única excepción son los PDF escaneados: si el documento es una foto de un
papel, no contiene texto que contar y hace falta un reconocimiento óptico de caracteres. Si lo que necesitas es lo contrario, juntar unas imágenes en un PDF, eso lo hace nuestro
conversor de imágenes, y también en el
navegador.
Por qué importa que tu texto no salga de tu navegador
La mayoría de contadores y correctores en línea envían lo que escribes a un servidor para
procesarlo. Para un texto cualquiera da igual. Para el borrador de un contrato, un informe
médico, una carta de despido o el manuscrito de una novela sin publicar, no da igual en
absoluto.
Esta herramienta hace todo el trabajo en tu equipo: el recuento, el análisis, la legibilidad,
la lectura del PDF y también el corrector ortográfico. Cuando pulsas revisar, lo que
viaja es el diccionario hacia tu ordenador, no tu texto hacia el nuestro. Puedes
comprobarlo abriendo la pestaña de red de las herramientas de desarrollo de tu navegador
mientras escribes: no verás ni una petición con tu contenido.
Tiene dos consecuencias prácticas agradables. Una, que el recuento y el análisis siguen funcionando aunque te quedes sin conexión. Y dos, que puedes usarla con material confidencial sin tener que
pensártelo, y por eso la construimos así.
Esta herramienta, en tu web
Si tienes una web y quieres ofrecer el contador a tus visitantes, te lo damos empaquetado
como plugin de WordPress con su atajo y como archivo HTML suelto, con los colores adaptables
a tu marca. Funciona igual: sin servidor, sin claves y sin depender de nosotros. Y si lo que
necesitas es que alguien escriba, revise o reescriba tus textos, eso también lo hacemos.