Tu IP es la matrícula con la que tu conexión se presenta en internet: cualquier web que visitas la ve, sin que tengas que darle permiso. Aquí te enseñamos la tuya y, con ella, lo que un sitio cualquiera puede deducir de ti sin instalar nada: de dónde sales, qué operador te da servicio, si tu VPN te está delatando y cuánto de único es tu navegador entre todos los demás.
Comprobando…
La ubicación de una IP nunca es tu casa: es el punto por el que tu operador saca tu tráfico a internet, que puede estar a unos metros o a cientos de kilómetros. Sirve para saber el país y, con suerte, la provincia. No sirve para encontrar a nadie.
Dato estimado a partir de la IP, no del GPS de tu equipo.
Quién te da la conexión y por dónde entra en internet.
Cruzamos varias señales que casi nunca coinciden cuando alguien usa una VPN mal configurada: el país de tu IP, la zona horaria de tu sistema, el idioma de tu navegador, el tipo de red por la que sales y lo que suelta WebRTC. Ninguna es concluyente por sí sola; juntas cuentan bastante.
Analizando…
Estamos comprobando las señales.
WebRTC es la tecnología de las videollamadas del navegador. Para funcionar necesita conocer tus direcciones de red, y cualquier web puede preguntárselas sin pedirte permiso. Es la vía por la que más VPN se delatan.
La IP se cambia con una VPN en dos clics. Lo que no se cambia tan fácil es la combinación exacta de navegador, sistema, pantalla, tarjeta gráfica y fuentes instaladas: eso forma una huella que sigue siendo la misma aunque cambies de red o borres las cookies. Todo lo que ves aquí se calcula en tu equipo y no sale de él.
Lo que tu navegador cuenta de sí mismo a cualquier web.
Resumen de todas las señales anteriores en un identificador. Se calcula aquí y ahora; no lo guardamos ni lo enviamos.
Calculando…
Todo lo que aparece en esta página, en un archivo. Útil si estás documentando una incidencia con tu operador, comprobando que una VPN hace lo que promete o preparando un parte para soporte técnico.
Una herramienta que te enseña tu IP maneja, por definición, un dato personal. Así que conviene decir con claridad qué pasa con él.
No guardamos tu IP en ninguna base de datos, no la asociamos a ninguna cuenta y no la enviamos a ningún servicio de terceros para enriquecerla. La huella digital y el análisis de WebRTC se calculan enteros dentro de tu navegador: esos datos ni siquiera llegan a salir de tu equipo.
Tu navegador pide a nuestro servidor que le diga qué IP ve, igual que hace con cualquier otra página de esta web. Para averiguar el operador consultamos un servicio público de DNS del sector: la consulta la hace nuestro servidor y solo viaja la IP a resolver, nunca quién la ha pedido. El resultado se guarda unas horas agrupado por rango de red, sin tu dirección completa.
Las dudas que salen siempre que alguien mira su IP por primera vez.
Si has llegado aquí porque una web te bloquea, porque tu conexión va rara o porque no sabes si tu empresa está tan protegida como crees, en Letaca lo miramos contigo sin compromiso.
Una dirección IP es el identificador que permite que la información llegue a su destino dentro de internet. Cuando tu navegador pide una página, manda una petición que lleva escrita tu dirección de vuelta; si no la llevara, el servidor no sabría a quién contestar. Es exactamente el papel que cumple el remite en un sobre, y por eso todo aparato conectado tiene una: el móvil, el portátil, la consola, la tele y el termostato.
Lo que mucha gente no sabe es que tienes dos direcciones a la vez, y que casi nunca hablamos de la misma. Una es la que usa tu router para organizar los aparatos de tu casa. La otra es con la que tu conexión entera se presenta ante el resto del mundo, y es la que aparece arriba en esta página. Entender esa diferencia resuelve la mitad de las dudas sobre el tema.
Si alguna vez has entrado a la configuración de tu router habrás visto direcciones como
192.168.1.1 o 192.168.0.1. Esas son direcciones privadas:
existen solo dentro de tu red local y sirven para que el router sepa distinguir tu
portátil de la impresora. Fuera de tu casa no significan nada, porque las repiten
millones de redes a la vez.
La dirección pública es la que tu operador asigna a tu router, y es única en todo internet en ese momento. Cuando cualquiera de tus aparatos sale a la red, el router traduce su dirección privada a la pública mediante un mecanismo llamado NAT. Por eso todos los dispositivos de tu casa aparecen ante las webs con la misma IP pública, aunque cada uno tenga una privada distinta.
| Rango | Cuántas direcciones | Dónde se usa |
|---|---|---|
| 10.0.0.0 – 10.255.255.255 | 16,7 millones | Redes de empresa grandes |
| 172.16.0.0 – 172.31.255.255 | 1 millón | Redes medianas y entornos virtualizados |
| 192.168.0.0 – 192.168.255.255 | 65.536 | El rango típico de casa |
| 100.64.0.0 – 100.127.255.255 | 4,2 millones | CGNAT del operador, no es tuya ni es pública |
| 169.254.0.0 – 169.254.255.255 | 65.536 | Autoasignada cuando falla el DHCP: síntoma de avería |
IPv4 es el formato de toda la vida, cuatro números de 0 a 255 separados por puntos. Permite algo más de 4.290 millones de combinaciones, que parecían infinitas en los años ochenta y se quedaron cortas en cuanto cada persona empezó a llevar tres aparatos conectados encima. Los registros regionales que reparten las direcciones llevan años sin bloques libres que asignar.
IPv6 se diseñó para arreglar eso y lo hace por goleada: usa direcciones cuatro veces más largas, escritas en hexadecimal y separadas por dos puntos, lo que da un espacio tan grande que no se agotará. Hoy los dos sistemas conviven, y lo normal es que tu operador te dé los dos. Tu equipo elige uno u otro según lo que soporte cada web, lo que explica que tu IPv4 y tu IPv6 puedan ser completamente distintas y que las dos sean tuyas a la vez.
La mayoría de conexiones domésticas usan IP dinámica. El operador tiene un depósito de direcciones y te presta una mientras estás conectado; cuando reinicias el router o se cae la línea, puede tocarte otra. No es un fallo, es gestión de un recurso escaso.
Una IP fija no cambia nunca, y eso solo hace falta en casos concretos: montar un servidor accesible desde fuera, una cámara de vigilancia que quieres consultar en remoto, un acceso VPN a la oficina, o servicios que exigen una lista blanca de direcciones autorizadas. Los operadores suelen cobrarla aparte. Si tu caso es entrar a algo de casa de vez en cuando, un servicio de DNS dinámico hace el mismo papel gratis: registra tu IP actual bajo un nombre fijo cada vez que cambia.
Aquí es donde más humo circula. Una IP no es un documento de identidad, pero tampoco es anónima. Esto es lo que se puede sacar de ella y con qué precisión:
| Dato | Fiabilidad | Comentario |
|---|---|---|
| País | Muy alta | Salvo VPN, acierta casi siempre |
| Comunidad o provincia | Media | Depende de cómo tenga montada la red tu operador |
| Ciudad | Baja | Puede errar cientos de kilómetros, sobre todo en móvil |
| Calle o portal | Nula | No se puede. Quien lo prometa, miente |
| Tu operador | Muy alta | Los rangos son públicos y están registrados |
| Tipo de conexión | Alta | Se distingue una línea doméstica de un centro de datos |
| Tu nombre | Nula | Solo lo sabe tu operador, y lo entrega con orden judicial |
No hay ningún GPS detrás. La geolocalización por IP funciona con bases de datos que asocian rangos de direcciones a lugares, construidas cruzando los registros públicos de los operadores, la latencia medida desde distintos puntos y los datos que los propios operadores publican. Es un mapa aproximado que se actualiza a mano.
Por eso falla. Un operador reasigna un bloque de una provincia a otra y la base de datos tarda meses en enterarse. Una red móvil saca a todos sus clientes de media España por el mismo nodo de Madrid. Una empresa con sedes en varias ciudades tiene todas sus salidas registradas en la central. Si esta página te sitúa en una ciudad que no es la tuya, no es un error de la herramienta: es que la red funciona así.
Al agotarse IPv4, muchos operadores dejaron de dar una IP pública por cliente y montaron
una capa intermedia llamada CGNAT, donde decenas o cientos de abonados salen a internet
bajo la misma dirección. Si tu router muestra una IP del rango 100.64.x.x,
estás detrás de una de esas.
Las consecuencias son concretas: no puedes abrir puertos, así que se complican el acceso remoto a casa, algunos juegos y las descargas por conexión directa. Y si otro usuario que comparte tu IP hace algo que provoca un bloqueo, ese bloqueo te alcanza a ti aunque no hayas hecho nada. Casi todos los operadores ofrecen salir del CGNAT si lo pides; a veces gratis, a veces contratando IP fija.
Internet no es una red, son decenas de miles de redes independientes que acuerdan pasarse tráfico entre ellas. Cada una de esas redes tiene un número identificador, el sistema autónomo o ASN, y anuncia públicamente qué rangos de direcciones le pertenecen. Por eso podemos decirte qué operador te da servicio sin preguntártelo: tu IP cae dentro de un rango que alguien ha declarado como suyo.
Saber el ASN es útil más allá de la curiosidad. Sirve para distinguir una conexión doméstica de un servidor alquilado, que es la base de casi todas las detecciones de VPN. Sirve para diagnosticar un problema de conectividad y saber si es cosa de tu operador o del destino. Y si gestionas una web, sirve para bloquear tráfico automatizado por origen en lugar de ir dirección por dirección.
Aquí está el punto que casi nadie tiene en cuenta. Cambiar de IP es barato y rápido. Cambiar la combinación exacta de navegador, versión, sistema operativo, resolución de pantalla, densidad de píxeles, número de núcleos, tarjeta gráfica, zona horaria, idiomas y fuentes instaladas es prácticamente imposible sin romper la experiencia de uso.
Esa combinación forma una huella que se mantiene estable aunque cambies de red, borres las cookies o navegues en ventana privada. Y no hace falta instalar nada para leerla: el navegador la va soltando por el camino porque las webs necesitan parte de esa información para adaptarse a tu pantalla.
| Medida | Cambia tu IP | Cambia tu huella | Coste |
|---|---|---|---|
| Ventana privada | No | No | Gratis |
| Borrar cookies | No | No | Gratis |
| Reiniciar el router | A veces | No | Gratis |
| Datos móviles en vez de wifi | Sí | Solo si cambias de aparato | Consumo de tarifa |
| VPN | Sí | No | Suscripción |
| Navegador con antihuella | No | Parcialmente | Gratis, con webs que fallan |
| Tor | Sí | Sí, iguala a todos los usuarios | Gratis, mucho más lento |
Elige según lo que quieras conseguir de verdad, que no es lo mismo saltarse un bloqueo geográfico que no dejar rastro.
Más allá de la curiosidad, hay tres situaciones en las que conocer tu IP deja de ser un dato de bar y pasa a ser trabajo. La primera es configurar accesos restringidos: paneles de administración, bases de datos o servicios que solo deben aceptar conexiones desde la oficina, lo que exige saber por qué dirección sales y si es estable.
La segunda es diagnosticar bloqueos. Si un proveedor te rechaza el acceso, o tus correos acaban en la carpeta de no deseados, lo primero es comprobar desde qué dirección y qué operador estás saliendo, porque un rango con mala reputación te arrastra sin que hayas hecho nada. La tercera es comprobar que la VPN de la empresa hace lo que promete: si el equipo se conecta desde casa y el túnel deja escapar tráfico, la protección que creías tener no existe.
Esta página forma parte de un conjunto de utilidades que funcionan en el navegador, sin registro y sin enviar tus datos a ningún sitio:
Una herramienta que enseña direcciones IP maneja un dato personal, así que lo decimos claro: no guardamos tu dirección, no la asociamos a ninguna cuenta y no la mandamos a ningún servicio externo para enriquecerla. La huella del navegador y el análisis de WebRTC se calculan enteros en tu equipo. Puedes leer el detalle en nuestra política de privacidad.
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