Crea el código, dale el aspecto que quieras y descárgalo en PNG, SVG, JPG o PDF. Comprobamos que se sigue leyendo antes de que lo descargues. Sin registro, sin marcas de agua y sin caducidad: el código se genera en tu navegador y no guardamos nada.
Estilos rápidos
Color del código
Fondo
Útil para montarlo sobre un cartel de color. El PNG y el SVG guardan la transparencia; el JPG no puede, así que sale con fondo blanco.
Forma de los módulos
Marco de las esquinas
Centro de las esquinas
Logotipo en el centro
Arrastra tu logo o toca para elegirlo
PNG, JPG, WEBP o SVG
Marco con llamada a la acción
Un marco con una instrucción deja claro que hay algo que escanear, que en un cartel no siempre es evidente. Máximo 24 caracteres.
Ajustes finos
El margen no es decoración: la norma pide cuatro módulos en blanco alrededor para que el lector encuentre el código. Quítalo solo si vas a dejar espacio libre tú.
Pega una lista o sube un CSV y te devolvemos un ZIP con todos los códigos, cada uno con el diseño que has elegido arriba. Va bien para etiquetas de inventario, mesas de un evento o enlaces de seguimiento por canal.
O sube un CSV con el dato, o con nombre y dato
Un código QR es una cuadrícula de puntos blancos y negros que guarda texto. Eso es todo: no es un enlace mágico ni un identificador que alguien tenga que registrar en ningún sitio, es texto plano dibujado de una forma que una cámara sabe leer. Cuando escaneas uno, el móvil lee ese texto y decide qué hacer con él según cómo empiece: si empieza por https:// abre el navegador, si empieza por WIFI: ofrece conectarse a una red, y si empieza por BEGIN:VCARD propone guardar un contacto.
De ahí salen los doce tipos que ves arriba en la herramienta. No son doce tecnologías distintas: son doce formas de escribir el texto para que el móvil de quien escanea haga lo que tú quieres. Por eso puedes crear un código de Wi-Fi, uno de contacto o uno de pago sin registrarte en ningún servicio, y por eso el código funciona igual dentro de diez años: el contenido viaja dentro del dibujo, no en un servidor que alguien tenga que mantener encendido.
Elige el tipo de contenido, rellena los datos y descarga. La vista previa se actualiza mientras escribes, así que no hay ningún botón de «generar» que pulsar ni ninguna espera.
Todo el trabajo lo hace tu navegador. Los datos que escribes —la contraseña del wifi, tu número de teléfono, el IBAN— no se envían a ningún servidor, porque no hay nada que enviar: el código se dibuja en tu propio dispositivo. Es también la razón de que no podamos recuperarte un código que hayas perdido. Vuelve a generarlo con los mismos datos y saldrá exactamente el mismo.
Un QR de Wi-Fi conecta al visitante a tu red sin que nadie tenga que deletrear la contraseña. Lo entienden de serie la cámara del iPhone y la de Android, así que basta con enfocar. En un bar, en una oficina o en un piso de alquiler vacacional ahorra la misma conversación una y otra vez, y de paso te permite poner una contraseña larga de verdad en lugar de una fácil de dictar.
Tres cosas que conviene saber antes de imprimirlo y colgarlo en la pared:
El tipo «Contacto» genera una ficha vCard 3.0, el formato que Android y iPhone saben abrir sin instalar nada. Al escanearlo, el móvil propone guardar el contacto con todos los campos ya rellenos. Es lo que hace útil un QR en una tarjeta de visita: quien la recibe no teclea tu número, lo guarda.
Cuantos más campos rellenes, más grande sale el código, y un código más grande necesita más espacio impreso para leerse bien. Una vCard con nombre, empresa, móvil y correo cabe de sobra en una tarjeta de visita. Si le añades dirección postal completa y una nota larga, el código crece hasta necesitar una zona más grande de la que suele haber en una tarjeta. Si te pasa, quita la dirección: es el campo que más ocupa y el que menos se usa.
El tipo «Pago SEPA» genera un código con el estándar europeo EPC069-12, el mismo que en Alemania se conoce como GiroCode y en Austria como Stuzza. Cuando alguien lo escanea con la aplicación de su banco, se le abre una transferencia con el beneficiario, el IBAN, el importe y el concepto ya puestos: solo tiene que confirmarla. Sirve para poner un QR en una factura sin pasar por una pasarela de pago, aunque tu banco pueda seguir cobrándote lo que cobre por recibir una transferencia.
Dos avisos importantes, porque aquí se genera confusión con facilidad:
La norma limita el beneficiario a 70 caracteres, el concepto a 140 y el conjunto a 331 bytes. La herramienta recorta los dos primeros por ti y te avisa si el total se pasa del tope, que es fácil con acentos: en UTF-8 cada vocal acentuada cuenta como dos bytes. Y usa el nivel de corrección M, que es el que pide la especificación.
Un QR admite hasta 2.953 bytes en el mejor de los casos, que son unos 2.900 caracteres si van todos sin acentuar, porque cada vocal acentuada cuenta como dos. Pero ese máximo teórico solo se alcanza con el código más grande posible y la protección más baja, y a esas alturas el dibujo tiene 177 puntos por lado: para leerlo hace falta imprimirlo grande y con muy buena calidad. En la práctica, cuanto más corto sea el contenido, más fácil es de escanear.
| Nivel | Solo números | Mayúsculas y símbolos | Texto normal | Aguanta perder |
|---|---|---|---|---|
| L | 7.089 | 4.296 | 2.953 | 7 % |
| M | 5.596 | 3.391 | 2.331 | 15 % |
| Q | 3.993 | 2.420 | 1.663 | 25 % |
| H | 3.057 | 1.852 | 1.273 | 30 % |
Fíjate en la diferencia entre columnas: un contenido de solo números cabe en menos de la mitad de espacio que el mismo contenido en texto normal, porque la norma tiene un modo especial para dígitos. Por eso un número de serie de veinte cifras cabe en el código más pequeño que existe y una dirección web de la misma longitud ya necesita el siguiente. La herramienta elige el modo más eficiente sola, sin que tengas que pensarlo.
La corrección de errores es información redundante que se añade al código para que siga leyéndose aunque se estropee una parte. Un nivel H reconstruye el contenido aunque se pierda el 30 % del dibujo; un nivel L, solo el 7 %. Esa redundancia ocupa sitio, así que a más protección, más grande sale el código con el mismo contenido.
Cuando pones un logo, la herramienta sube sola a nivel H si tienes la corrección en automático. No es un detalle menor: es la diferencia entre un código bonito que funciona y uno bonito que no lee nadie.
Un logotipo en el centro funciona porque tapa menos superficie de la que el código puede reconstruir. Deja de funcionar cuando se pasa de ese margen, y es un error fácil de cometer porque el resultado se ve perfectamente bien en pantalla.
La cuenta es sencilla: un logo que ocupa el 20 % del ancho tapa el 4 % de la superficie, porque el área crece al cuadrado. Uno que ocupe el 40 % del ancho tapa el 16 %, que ya son casi dos tercios de todo lo que aguanta un nivel Q. Por eso el control de tamaño del logo llega hasta el 30 % y no más, y por eso el veredicto te dice cuánto estás tapando y cuánto aguanta el nivel que tienes puesto.
Otra cosa que ayuda mucho y casi nadie hace: dejar un hueco limpio alrededor del logotipo. Sin ese margen, los puntos del código se pegan al borde del logo y el lector no distingue dónde acaba uno y empieza el otro. La casilla viene marcada por defecto.
La regla práctica es diez a uno: un código se lee cómodamente desde una distancia de unas diez veces su propio lado. Un QR de 3 cm se escanea bien a 30 cm, que es la distancia a la que se sostiene un folleto; para un cartel que se va a leer desde tres metros hacen falta unos 30 cm de lado.
| Dónde va | Lado | Se lee desde | Cuidado con |
|---|---|---|---|
| Etiqueta de producto | 2 cm | 20 cm | Contenido corto o los módulos se quedan por debajo de 0,4 mm |
| Tarjeta de visita | 3 cm | 30 cm | Una vCard con muchos campos aquí va justa |
| Folleto o carta de bar | 5 cm | 50 cm | Nada, es el tamaño más agradecido |
| Cartel de pared | 10 cm | 1 m | Que no quede a más altura de la que alcanza un brazo |
| Escaparate | 30 cm | 3 m | El reflejo del cristal, que es lo que de verdad impide escanear |
Debajo de la vista previa puedes elegir el tamaño impreso y la herramienta te dice cuánto mediría cada módulo a ese tamaño. Por debajo de 0,4 mm por módulo la tinta se come el dibujo en una impresión normal, y en una etiquetadora térmica el margen es todavía más estrecho. Si te sale un número bajo, la solución no es imprimir mejor: es acortar el contenido, y para eso está el acortador de enlaces.
Los códigos que genera esta página son estáticos: el contenido va dentro del dibujo y no cambia nunca. Eso tiene dos consecuencias, una buena y otra que conviene saber antes de mandar nada a imprenta.
Lo bueno es que no dependen de nadie. No hay cuenta que caduque, ni servicio que cierre, ni suscripción que se pueda dejar de pagar. El código que descargues hoy funcionará dentro de diez años aunque esta web ya no exista, porque no nos necesita para nada.
Lo otro es que si el destino cambia, hay que reimprimir. Un código dinámico —el que se vende por suscripción— apunta a una dirección intermedia que se puede reapuntar después, y a cambio te da estadísticas de escaneo. Aquí no hacemos eso, y no por descuido: un código dinámico obliga a tener cuentas de usuario, a guardar el destino en un servidor y a registrar el paso de cada visitante, que es justo lo que esta herramienta evita.
Si necesitas cambiar el destino más adelante, hay una manera de conseguirlo sin salir de aquí: genera el código apuntando a un enlace corto tuyo y cambia después a dónde lleva ese enlace. El QR impreso no se entera.
| Formato | Para qué | Transparencia | Se puede ampliar |
|---|---|---|---|
| PNG | Web, redes, presentaciones, documentos | Sí | Hasta el tamaño que elijas |
| SVG | Imprenta, rotulación, cualquier cosa que se vaya a ampliar | Sí | Sin límite: es vectorial |
| JPG | Cuando el destino solo admite JPG | No, sale con fondo blanco | Se degrada al ampliar |
| Llevarlo a imprenta ya al tamaño físico exacto | No | La página sale a los centímetros elegidos |
Si dudas, el SVG: es el formato habitual en imprenta y se amplía a cualquier tamaño sin perder un solo punto de definición. El PNG de 2.048 píxeles también vale para imprimir a los tamaños de la tabla de arriba, pero deja de valer en cuanto alguien lo amplía. El PDF que generamos sale con la página exactamente a los centímetros que hayas elegido, así que quien lo imprima no tiene que escalar nada ni preguntarte a qué tamaño lo querías.
Casi todos los códigos que fallan en la calle fallan por lo mismo, y son cinco motivos que se pueden evitar antes de mandar nada a imprenta. Los tres primeros dependen de cómo dejes el diseño aquí arriba, y por eso el veredicto los vigila.
Hay un sexto que no es del código sino del destino: llevar a una página que en el móvil no se ve bien. Merece la pena comprobar cómo carga esa página en un teléfono, y de paso a qué velocidad va, antes de repartir mil folletos.
Si estás preparando un cartel o una campaña, estas tres encajan con esta:
Los que genera esta herramienta no caducan nunca, porque el contenido va dentro del propio dibujo y no depende de ningún servidor. Los que caducan son los códigos dinámicos de los servicios de suscripción: si dejas de pagar, el intermediario deja de redirigir y el código impreso se queda sin destino.
Sí. Son gratis y sin marca de agua, y puedes usarlos en material comercial, en productos y en publicidad sin pedirnos permiso ni citarnos. Puedes generar los que quieras: lo único con tope es la generación por lotes, que va de 500 en 500.
No, y no es una promesa sino una consecuencia técnica: el código se genera en tu navegador y no hay ninguna petición al servidor con tus datos. La contraseña del wifi, el IBAN o tu teléfono no salen de tu dispositivo.
No directamente, porque el destino va escrito dentro del dibujo. Se resuelve de antemano: si generas el código apuntando a un enlace corto tuyo, luego puedes cambiar a dónde lleva ese enlace sin tocar el código impreso.
Porque el contenido es largo. Un código crece con lo que lleva dentro: una dirección web de veinte caracteres da un dibujo pequeño y una vCard completa con dirección postal da uno de más de cincuenta puntos por lado. Acorta el contenido y el dibujo se simplifica solo.
Escanearlo sí; lo que hay detrás, depende. Un código puede llevar a cualquier dirección, y se han visto pegatinas encima de códigos legítimos en parquímetros y cartas de restaurante. La costumbre sana es mirar la dirección que muestra el móvil antes de abrirla, y desconfiar si pide datos bancarios. La mayoría de móviles enseñan la dirección antes de abrirla; si el tuyo no lo hace, o quieres ver el contenido en crudo, puedes leerlo aquí sin llegar a seguir el enlace.
Es la cantidad de daño que el código aguanta sin dejar de leerse: el nivel L soporta perder un 7 % del dibujo y el nivel H, un 30 %. A más protección, más grande sale el código con el mismo contenido. Para un logotipo en el centro hace falta el nivel H.
Sí. En «Muchos códigos de una vez» pegas una lista o subes un CSV y te devolvemos un ZIP con todos, cada uno con el diseño que hayas elegido y con el nombre de archivo que le hayas puesto en la primera columna. El tope por tanda son 500.
Montamos esta misma herramienta en tu WordPress, con tus colores y tu dominio, para que tus clientes generen sus códigos sin salir de tu página. Y si lo que necesitas es la campaña entera —el cartel, el enlace y la página a la que lleva— también nos encargamos.
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