Sube la foto o apunta con la cámara y te enseñamos qué contiene el código sin abrirlo. Sirve para comprobar a dónde lleva antes de fiarte, y para recuperar el contenido de un QR del que ya no tienes el original.
Arrastra la imagen aquí o toca para elegirla
También puedes pegarla con Control + V
Un lector de códigos QR en el navegador resuelve dos situaciones que el móvil no cubre bien. La primera es de seguridad: cuando apuntas con la cámara del teléfono, muchos móviles abren el enlace casi de inmediato, y para entonces ya has entrado. Aquí ves el contenido en crudo, con el dominio destacado, y decides tú si abrirlo.
La segunda es práctica: tienes el QR en una imagen, en un PDF o en una captura, y no hay forma cómoda de apuntarle con el móvil. Subes el archivo y listo.
El «quishing» consiste en pegar un código falso encima de uno legítimo: en el parquímetro, en la carta del restaurante, en el cartel de una recarga eléctrica o en una factura enviada por correo. El código lleva a una página que imita a la buena y pide una tarjeta o las claves del banco.
Como el dibujo de un QR no se puede leer a simple vista, la única defensa es mirar a dónde lleva antes de entrar. Estas son las señales que conviene comprobar, y que esta herramienta te señala sola:
banco.com.seguridad-cliente.net no es del banco.Un QR guarda texto, y ese texto puede seguir varios formatos. Cuando detectamos uno conocido te lo enseñamos desglosado en campos, además del texto tal cual: enlaces, redes Wi-Fi con su contraseña, contactos en formato vCard, correos, SMS, teléfonos, ubicaciones, eventos de calendario y pagos SEPA. Si no es ninguno de esos, verás el texto en crudo, que sigue siendo la información completa.
Con el Wi-Fi hay un detalle que sorprende a mucha gente: la contraseña va escrita dentro del código en texto plano. Cualquiera que fotografíe el cartel del bar puede leerla con esta misma página. No es un fallo de la herramienta, es cómo funciona el formato.
No. El decodificador se descarga a tu navegador y el análisis ocurre en tu dispositivo, así que la imagen no se envía a ninguna parte y nosotros no vemos lo que contiene el código.
Bastante bien: usamos el mismo motor de decodificación que hay detrás de muchas aplicaciones de móvil, y aguanta inclinación, giro y códigos parcialmente dañados. Si aun así no lo lee, prueba a recortar la imagen dejando el código centrado y con un poco de margen blanco.
Haz una captura de pantalla de la zona del código y súbela, o pégala directamente con Control + V. El resultado es el mismo.
Se lee igual, siempre que el logotipo no tape más de lo que el código puede reconstruir. Esa redundancia está pensada precisamente para eso.
No. Te mostramos a dónde lleva y el botón de abrir lo pulsas tú si quieres. Tampoco precargamos la página ni comprobamos su contenido, así que la decisión y la comprobación del dominio son tuyas.
Un código QR no es una imagen cualquiera: es una cuadrícula con partes que tienen una función concreta, y entender cuáles son explica por qué a veces se lee y por qué a veces no. Cuando subes una foto aquí arriba, el decodificador busca exactamente esas partes antes de intentar leer nada.
Lo primero que localiza son los tres cuadrados grandes de las esquinas. Se llaman patrones de búsqueda y están ahí para que el lector encuentre el código dentro de la foto y sepa cómo está girado. Son tres y no cuatro precisamente por eso: con tres esquinas marcadas, la cuarta queda determinada, y así el lector deduce la orientación aunque la foto esté del revés. Por eso da igual que escanees un cartel torcido o boca abajo.
Repartidos por dentro hay patrones de alineación, cuadraditos más pequeños que aparecen a partir de cierto tamaño y que sirven para corregir la deformación cuando la foto se ha hecho en ángulo. Y cruzando el código de lado a lado hay dos líneas de módulos alternos, blanco y negro, que marcan la rejilla: son la línea de sincronismo, y le dicen al lector dónde cae cada casilla.
El resto es contenido y, mezclada con él, la corrección de errores: información redundante calculada con el algoritmo de Reed-Solomon, el mismo que usaban los CD para seguir sonando con arañazos. Gracias a ella un código sigue leyéndose con una esquina manchada, con un logotipo encima o con un trozo doblado. Según el nivel con el que se generase, aguanta perder entre un 7 % y un 30 % del dibujo.
Esa redundancia es también la razón de que un código QR sea tan difícil de falsificar parcialmente. Retocar unos cuantos módulos con un rotulador no cambia el destino: o el código sigue diciendo lo mismo, porque la corrección de errores repara el retoque, o deja de leerse. Por eso el fraude no consiste en modificar un código, sino en pegar otro encima.
Casi todos los móviles lo hacen ya con la cámara, sin instalar nada. Lo que cambia es qué pasa con una imagen que ya tienes guardada, que es justo el caso que esta página resuelve.
| Dispositivo | Con la cámara | Con una imagen que ya tienes |
|---|---|---|
| iPhone y iPad | Abre la cámara y enfoca: sale un aviso arriba | Abre la foto y toca el icono de datos, o súbela aquí |
| Android | La cámara lo detecta; muchos tienen además un modo de escaneo | Con Google Lens desde la galería, o súbela aquí |
| Windows | Depende de la cámara y del programa | Súbela aquí, o pégala con Control + V |
| Mac | No lo hace de serie | Arrastra la imagen a esta página |
| Un QR dentro de un PDF | No aplica | Haz una captura de la zona y pégala aquí |
El caso que más se atasca es el tercero de la tabla: te llega una factura, un cartel o una captura por correo, el código está dentro del archivo y no tienes forma de apuntarle con el móvil. Sacar el teléfono para fotografiar la pantalla del ordenador funciona a veces y falla otras, por el reflejo y por el parpadeo del monitor. Con la imagen directamente es inmediato.
Si eres autónomo o llevas una empresa en España, hay un código QR que te va a acompañar en cada factura que emitas: el del sistema Verifactu. Es un caso distinto de todos los demás que hemos visto, porque no lleva a una web comercial: lleva a la sede electrónica de la Agencia Tributaria para comprobar que esa factura existe y no se ha manipulado.
Las fechas de entrada en vigor son el 1 de enero de 2026 para las sociedades y el 1 de julio de 2026 para autónomos y profesionales, así que a día de hoy ya está en marcha para todos. La obligación no es del código QR por sí solo: es de usar un programa de facturación que cumpla el reglamento, y ese programa genera el QR junto con un registro encadenado por huella digital que impide modificar una factura sin dejar rastro.
Conviene tener claros los matices, porque circula bastante confusión:
Si te llega una factura con uno de esos códigos y quieres ver qué contiene sin entrar en la web de la Agencia Tributaria, puedes leerlo aquí arriba: verás la dirección de la sede y los datos que van dentro. Y al revés, si estás preparando tus propias facturas, comprueba que el código que imprime tu programa se lee de verdad al tamaño al que sale en el papel. Un QR demasiado pequeño en una factura impresa es un problema que no se descubre hasta que alguien intenta escanearlo.
Esto es información general, no asesoramiento fiscal, y la normativa de facturación cambia con frecuencia. Antes de tomar una decisión sobre tu facturación, confírmalo con tu asesor o en la sede electrónica de la Agencia Tributaria.
Hay más de un tipo de código bidimensional y se parecen lo suficiente como para confundirlos. Si has intentado escanear el código de una tarjeta de embarque o de un billete de tren y no ha funcionado, probablemente no era un QR.
| Código | Cómo se reconoce | Dónde aparece |
|---|---|---|
| QR | Tres cuadrados grandes en las esquinas | Carteles, facturas, wifi, menús, pagos |
| Aztec | Un cuadrado en el centro, no en las esquinas | Billetes de tren y tarjetas de embarque |
| PDF417 | Rectangular y alargado, a franjas | Tarjetas de embarque impresas, carnés |
| Data Matrix | Una ele maciza en dos lados | Piezas industriales, medicamentos |
| Código de barras | Solo rayas verticales | Productos de tienda |
Esta página lee códigos QR. Si el que tienes delante tiene el cuadrado en el centro en vez de en las esquinas, es un Aztec y no va a funcionar aquí; lo leerá la aplicación de la compañía que emitió el billete.
Escanear un código no infecta nada por sí mismo: lo único que hace es leer un texto. El riesgo aparece después, en lo que hagas con ese texto. Si has abierto un enlace que no debías, esto es lo que importa, por orden:
Y un consejo que evita la mayoría de estos casos: cuando un QR de la calle te lleva a una pantalla que pide pagar o identificarte, cierra y entra tú por la web o la aplicación oficial. Tardas veinte segundos más y te ahorras el problema entero.
El código de wifi es de los más útiles que existen y también de los peor entendidos. Lo que guarda es el nombre de la red, el tipo de seguridad y la contraseña, todo en texto plano. No hay cifrado por medio: el código no protege nada, solo ahorra teclear.
Eso tiene dos consecuencias prácticas. La primera es que cualquiera que fotografíe el cartel se lleva la contraseña, y puede leerla con esta misma página en tres segundos. La segunda es que, precisamente por eso, el QR de wifi es perfecto para la red de invitados y mala idea para la red principal de casa o de la oficina, esa donde están el disco de red, las cámaras y las impresoras.
La forma sensata de montarlo es la que usan los hoteles y los bares que lo hacen bien: una red separada para visitas, con su propia contraseña, aislada del resto de los equipos, y el cartel con el QR a la vista. Si además la contraseña es larga y aleatoria, mejor: como nadie la va a teclear, no hay razón para que sea corta. Puedes generar una en el generador de contraseñas y el código con la red ya montada en el generador de códigos QR.
Cuando cambies esa contraseña, acuérdate de reimprimir el cartel. Es el fallo más repetido: el código se queda ahí colgado meses, la gente lo escanea, no conecta y nadie sabe por qué.
Cuando un código falla, casi siempre es por una de estas razones, y en este orden:
Un truco que funciona más veces de lo que parece: si tienes la imagen en el ordenador, recórtala dejando solo el código con su margen y súbela otra vez. Quitarle a la foto todo lo que no es el código le ahorra al decodificador el trabajo de buscarlo entre el resto de la escena.
Un código estático, como los que genera nuestra herramienta, no puede rastrear a nadie: es un dibujo con un texto dentro y no sabe quién lo mira. Lo que sí rastrea es lo que hay al otro lado del enlace.
La mayoría de los códigos QR comerciales que ves por la calle llevan a un enlace intermedio que registra cada escaneo: cuántos, a qué hora, desde qué ciudad y con qué tipo de móvil. Eso es un código dinámico, y es lo que permite a una campaña saber qué cartel funciona. No es necesariamente malo —es la misma analítica que tiene cualquier web— pero conviene saber que existe, y que un enlace corto en un QR casi siempre significa que hay un intermediario contando.
Leer el código aquí antes de abrirlo te deja ver esa dirección intermedia sin visitarla, que es exactamente la diferencia entre pasar por delante del escaparate y entrar en la tienda.
Aquí verás la dirección corta, que es lo que el código guarda de verdad, pero no el destino final: para saberlo habría que seguir la redirección, y eso ya es visitar la página. Si el código viene de un cartel de la calle o de un correo que no esperabas, la recomendación es no abrirlo y entrar por la web oficial del servicio.
Escanearlo no, porque leer un código es solo leer un texto. El riesgo está en lo que haces después: abrir el enlace, escribir tus claves o instalar lo que te propongan. Por eso mirar el contenido antes de abrirlo elimina casi todo el problema.
Porque el formato de los códigos de wifi guarda la contraseña en texto plano, sin cifrar. No es un fallo de esta herramienta: cualquier lector la muestra si se la pides. Es la razón por la que un QR de wifi solo debería usarse con la red de invitados.
No. Esta página lee códigos QR. Los billetes de tren y las tarjetas de embarque suelen usar Aztec o PDF417, que son formatos distintos y se reconocen porque no tienen los tres cuadrados en las esquinas.
En España es el del sistema Verifactu, obligatorio desde enero de 2026 para las sociedades y desde julio de 2026 para autónomos y profesionales que usen un programa de facturación. Lleva a la sede electrónica de la Agencia Tributaria para comprobar que la factura está registrada y no se ha manipulado.
No. La imagen se analiza en tu propio navegador y no se envía a ningún servidor, así que ni nosotros ni nadie ve lo que contenían los códigos que compruebas.
Una vez cargada la página y descargado el decodificador, la lectura de imágenes funciona sin conexión, porque todo el trabajo lo hace tu dispositivo. Lo que necesita conexión es la primera carga.
Sí, siempre que el fotograma esté nítido. Pausa el vídeo, haz una captura de pantalla y súbela. El problema habitual en estos casos no es el formato sino el desenfoque del propio vídeo.
Creamos los códigos, el cartel donde van y la página a la que llevan, para que la campaña funcione entera y no solo el dibujo. Y si prefieres montarlo tú, tienes el generador completo gratis en la casa.
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